A lo largo de la ruta del tranvía de Ayacucho hay discotecas y bares incontrolables

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Durante más de un año y medio, mientras el levantamiento de las restricciones por la pandemia reactivaba la vida nocturna de la ciudad, los vecinos de la calle Ayacucho no pueden dormir.

En el tramo entre el futuro Centro de Salud Buenos Aires, en lo alto de la carrera 32, al sector de Las Mellizas, en la Carrera 28, el alto nivel de ruido y la acumulación de basura eran abrumadores.

Después de enviar cartas y peticiones a la Inspección 9A de la Policía de la Ciudad pidiendo acción inmediata, decenas de vecinos se quejaron de que las cosas se habían salido de control y nadie escuchaba sus llamadas.

Alfredo*, vecino del sector que pidió no ser identificado, explicó que el calvario comienza todos los jueves por la noche y dura hasta la mañana del lunes, cuando la zona se convierte en el epicentro de la vida nocturna porteña.

Según reconstruyó, desde la madrugada, gran concentración de bares que operan en la zona inician una caótica competencia donde alguien logra forzar el volumen de su música, en una mezcla de géneros imposibles de identificar y que entran a la casa a la fuerza.

Aunque estos locales tienen luz verde para permanecer abiertos hasta las 4:00 am, los vecinos aseguran que pasada esa hora se suma a la fiesta cientos de personas encendiendo equipos de sonido en sus autos y quedándose en la calle bebiendo licor.

Aparte del ruido, Alfredo dijo que el alto flujo de personas también provoca serios problemas de acumulación de basura, que ni siquiera se puede reducir con las dos rutas que utilizan varias empresas en la mañana y en la tarde.

Debido a la gran cantidad de restaurantes informales y puestos de comida, las calles rápidamente se obstruyen con escombros y permanecen sucias la mayor parte del día.

“Los vecinos hemos visto como muchos dueños de bares emplean a vecinos de la calle para que recojan su basura y la dejen tirada cerca de un centro de salud porteño”, testificó el vecino.

Tras un trabajo de campo en la zona, el diario pudo constatar que a la altura del último punto había un punto de vertido de residuos, que también provocó la plaga de ratas.

A pesar de que a lo largo de los años el camino de Ayacucho ha ganado notoriedad por estos dos temas, sólo en caso de ruido ni siquiera hay una estación de medición determinar la intensidad.

Luis Fernando Agudelo, director de programa de Medellín Cómo Vamos, señala que la estación más cercana a Buenos Aires es el Museo de Antioquia, donde en 2021 los registros nocturnos alcanzan una media anual de 67,36 decibeles (dBA), cuando la norma solo permite 55 dBA.

“En los últimos cinco años no se ha avanzado en la reducción de los niveles de ruido en la ciudad”, dijo Agudelo, al señalar que este problema es uno de los rezagos ambientales más graves que tiene Medellín.

Para conocer su versión del asunto, EL COLOMBIANO consultó con la Secretaría de Seguridad, quien informó que la investigación de la Policía a cargo de la zona había iniciado diligencias contra los cinco negocios que más denuncias recogieron.

Se ha programado una audiencia pública para el 5 de agosto donde los involucrados presentarán su defensa y podrían ser sancionados si se determina que han violado la ley.

Por su parte, los vecinos afirman que las acciones del distrito no cumplieron con su promesa y el condado pudo restaurar el orden que desde el año pasado parecía esquivo.



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