anaconda de verano

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Hace un tiempo, los periódicos -desde los más estrictos de los diarios- cuadraban sus páginas en los meses de verano con noticias de dudosa trazabilidad y falta de credibilidad, que por lo general venían de lejos: arrojando galgos auditivos a hombres lobo en Nepal que eran primos del Yeti, el lago Ness monstruo -una gran atracción turística- o trillizos unidos nacidos en algún lugar de la Amazonía. la noticia se llama serpiente de verano. Son las caras espantosas y divertidas del verano lento, entretenimiento inocente; reclamos sobre pliegues de página irrelevantes, entretenimiento falso, conocido por editores y lectores. Era agosto de apagón informativo: el día ocho era un mes de verdadero descanso y ausencia de estrés, días inmersos en la realidad entre calor y escollera, largas siestas y cambios de horarios para el relax y la renovación mental.

Lo hemos visto: las serpientes de verano hoy devoran como anacondas, son preocupantes y tristemente ciertas. Terribles incendios, guerra en Ucrania, ola de calor provocada por el flagrante cambio climático, amenaza de sequía hídrica y económica, inflación galopante, pobreza energética. Para colmo, se perfila una nueva guerra latente -ojalá sea fría- entre Estados Unidos y China por la inexplicable visita oficial de Nancy Pelosi a Taiwán, el estallido de una carrera armamentista y la inseguridad global que parece haber durado mucho tiempo. tiempo. método. Sin embargo, la tendencia de las noticias a estimular el miedo que da hacer clic en la prensa las historias que prometen destrucción se adornan con temas raros, tomados en serio aunque pueden ser anecdóticos, o al menos localizados: la viruela del simio, la hepatitis infantil (las inseguridades de los niños son el mayor generador de ansiedad de los padres). Sin mencionar la crisis de los cubitos de hielo, el pináculo de la tontería.



Ya en XXI, no hay ningún platillo volador a la vista cerca de la ciudad en las montañas, El Lute tampoco está huyendo de civilesque gris o prisión: ahora la serenidad se nos escapa con una hiperrealidad aguda y corrosiva para los bolsillos de la familia y, peor aún, del alma. Las vacaciones son caóticas como nunca, y no hemos dejado de recibir alarmas sobre la “vuelta al cole”. Es una apuesta dura, pero hoy más que nunca se vio obligada la resistencia individual. No por recursos negacionistas con un sistema tan seductor, sino siendo críticos, leyendo la prensa con ojos y criterio propios. No para la anaconda de verano tiránica de Internet.

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